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Knowledge CenterSerie12 de agosto de 2026

Del Pago con Tarjeta Presente al Pago Presente: la transición que nadie quiere ver

Por José Ricardo Rivera G., CTO Agnostiko. Si la tarjeta física está destinada a desaparecer, ¿tiene sentido seguir invirtiendo en infraestructura de aceptación presencial? Una pregunta válida, peligrosamente mal planteada.

José Ricardo Rivera G. · CTO Agnostiko

Hay una pregunta que se repite en cada mesa de negociación, en cada comité de inversión, en cada evaluación de RFP de la industria de pagos en América Latina. Una pregunta que incomoda porque no tiene una respuesta sencilla: Si la tarjeta física a mediano/largo plazo está destinada a desaparecer, ¿tiene sentido seguir invirtiendo en infraestructura de aceptación presencial?

Es una pregunta válida. Y es una pregunta peligrosamente mal planteada.

La confusión de la industria

Durante más de cuatro décadas, la industria de pagos construyó todo su ecosistema alrededor de un objeto físico: la tarjeta. Terminales diseñados para leerla. Redes diseñadas para transportar sus datos. Certificaciones diseñadas para protegerla. Procesadores, adquirentes, emisores, fabricantes de hardware — todos los actores del ecosistema definieron su razón de ser en relación con ese 'rectángulo de plástico'.

Entonces aparecieron las wallets. Apple Pay. Google Pay. Samsung Pay. Y de pronto, millones de consumidores dejaron de sacar la tarjeta del bolsillo. No porque dejaran de pagar en persona, sino porque encontraron una forma más cómoda de hacerlo: acercar el teléfono.

Pero eso fue solo el principio.

Lo que realmente está cambiando

En mayo de 2025, España se convirtió en el primer país europeo donde un consumidor puede pagar en un comercio acercando su teléfono al terminal y debitando directamente de su cuenta bancaria. Sin tarjeta física. Sin wallet de un fabricante de dispositivos. Sin intermediarios tecnológicos entre el banco y el consumidor.

Se llama Bizum Pay, y cambia las reglas del juego.

Pero Bizum no es un caso aislado. Es la punta visible de una ola global.

En Brasil, PIX ya tiene más de 175 millones de usuarios. El efectivo — que representaba el 43% de los pagos en 2019 — colapsó al 6% en 2024. Y no fue la tarjeta quien ocupó ese espacio. Fue una transferencia instantánea, cuenta a cuenta. En junio de 2025, PIX procesó 280 millones de transacciones en un solo día.

En India, UPI maneja el 50% del volumen de transacciones digitales del planeta entero. 250 mil millones de transacciones al año. Tres billones de dólares. En un país donde la penetración de tarjetas de crédito es mínima.

Y en Europa, Wero — la iniciativa de pagos del European Payment Initiative — ya superó los 50 millones de usuarios registrados y planea lanzar pagos NFC en punto de venta durante 2026, cubriendo potencialmente 15 países y 382 millones de habitantes.

Y hay una frontera aún más radical: los pagos biométricos

Amazon ya opera Amazon One en más de 500 locaciones en Estados Unidos — Whole Foods, estadios, aeropuertos — donde el cliente paga acercando la palma de su mano a un sensor infrarrojo. Sin teléfono. Sin tarjeta. Sin billetera. Solo la mano.

En China, Alipay y WeChat Pay desplegaron millones de terminales de reconocimiento facial en restaurantes, supermercados y estaciones de transporte.

La biometría promete eliminar incluso el último intermediario físico entre el consumidor y su pago: el dispositivo que lleva en el bolsillo.

¿Significa esto que el terminal de punto de venta finalmente desaparece?

No tan rápido. Incluso el pago con la palma de Amazon requiere un dispositivo en el comercio: un sensor biométrico que alguien tiene que fabricar, instalar, configurar, actualizar y monitorear. El escáner de palma no elimina la infraestructura del punto de venta, simplemente la transforma.

Y aquí aparece una paradoja que la industria aún no ha procesado: cada nuevo tipo de sensor biométrico que se incorpora a un terminal — huella, palma, iris, reconocimiento facial — va a multiplicar la complejidad de gestión del pago.

Cada sensor tiene su propio SDK, su propio ciclo de firmware, su propia calibración. Por ejemplo, un adquirente que hoy gestiona terminales de tres fabricantes con lector EMV y NFC, mañana tendrá terminales de cinco fabricantes con cuatro tipos de sensores biométricos de distintos proveedores.

Sin una capa de abstracción que unifique esa diversidad, los costos de integración se disparan, el tiempo de lanzamiento de cada nueva capacidad se vuelve insostenible, y el operador queda cautivo del primer proveedor de sensor que integre.

La plataforma capaz de hacer transparente esa heterogeneidad — la que permite desplegar una capacidad biométrica una vez y activarla en toda la flota — no se vuelve prescindible con esta evolución. Se vuelve indispensable.

Tres verdades simultáneas

Lo que estos mercados nos enseñan no es que el pago presencial está muriendo. Es exactamente lo contrario. Nos enseñan tres verdades que la industria latinoamericana necesita internalizar:

  • Primera: la tarjeta física pierde protagonismo, pero no porque la gente deje de pagar en persona. Lo pierde porque aparecen formas más eficientes de iniciar ese pago.
  • Segunda: el pago presente no solo sobrevive, sino que se fortalece. El consumidor sigue yendo al restaurante, a la tienda, a la gasolinera. Sigue necesitando pagar ahí, en ese momento, frente a un comercio.
  • Tercera: emergen nuevos rieles. PIX no viaja por Visa ni por MasterCard. Bizum no pasa por Apple ni por Google. UPI no necesita un emisor de plástico. Son rieles nuevos, directos, de banco a banco.

La pregunta correcta

Entonces la pregunta no es si tiene sentido invertir en infraestructura de pagos presentes. El mercado global de terminales alcanzará 130 mil millones de dólares en 2026, creciendo al 8.58% anual. Sudamérica es la región de mayor crecimiento, al 10.18%. El terminal no desaparece. Evoluciona.

La pregunta correcta es otra: ¿la infraestructura que estás construyendo hoy — o comprando, o licenciando — es capaz de aceptar un pago que no viene de una tarjeta?

Porque si tu terminal solo sabe leer un chip EMV — y tu plataforma no puede gestionar un sensor biométrico, un receptor de pagos cuenta a cuenta o un lector QR — tienes un problema. No hoy. ¿Pero si en tres años? ¿O en cinco? ¿O en siete?

Obviamente entra en juego un tema típico de irrupción de nueva tecnología: los nuevos dispositivos serán muy costosos versus los actuales de lectura de tarjetas que representan una gran ventaja a nivel de costos. Pero habrá los innovadores, los que gustan de dejar huella y diferenciarse de su competencia. Para estos, no será un freno el costo del nuevo dispositivo de hardware pero definitivamente será una gran barrera para superar el contar o no con una plataforma agnóstica que no comprometa el time to market de sus innovaciones.

El horizonte varía por mercado, pero la dirección es inequívoca.

Lo que viene en esta serie

En los próximos cuatro artículos vamos a desmontar esta transición pieza por pieza. Vamos a ver qué está pasando en los mercados que ya la están viviendo. Vamos a entender por qué el terminal se está reinventando. Vamos a explorar qué significa ser verdaderamente agnóstico en un mundo de múltiples métodos de pago.

Y vamos a terminar con una convicción: a mediano/largo plazo la tarjeta puede desaparecer, pero el pago presente no desaparecerá jamás. La única pregunta es si estarás del lado correcto y a tiempo en esta transición.

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